Lo confieso: he dejado de intentarlo. Sé que no podría huir de ti, ni queriendo. Y no se trata de que me persigas; para nada. Pero eres tan determinante, que estás inscrito en mi ser. Esté donde esté, siendo quien soy, acabaré encontrándote conmigo. O encontrándome contigo. Aunque sea un momento al día, o un segundo.
Es como un ritual, una acción de gracias. Como mirarme al espejo, verte a ti, y recordar quién soy. ¿Tú no te miras todos los días al espejo? A veces más de una vez: en los reflejos de los escaparates, en los retrovisores de los coches, en el del ascensor, en el del probador...
Para comprobar. Para no asustarte descubriendo algún día que, en realidad, eres otro
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